LUZ ENFERMA

Rocío Martín

#EsLoQueHay

No sabemos si lo interesante de las ventanas está fuera o está dentro, en esta imagen se resuelve el dilema, lo interesante está en la ventana, en el alféizar, vamos: un alargador que probablemente no funciona, un rollo de papel higiénico ya empezado y una tapa de una caja de cartón, presuntamente de papel de oficina, que alberga una barahúnda de papeles sin orden ni concierto.

Ese vano abierto con rejas hacia no se sabe qué oscuros y húmedos patios fue hecho para tener un alféizar que contuviera objetos entre inútiles y vagamente funcionales. Habrá sido un hombre, aunque hay algunas mujeres prácticas que no tienen pelos en la lengua, ni en el alma, ni en el gusto, ni en la sensibilidad, que piensan que los objetos tienen su peso y su función, y punto. Un rollo de papel para cagar, un alargador que no funciona por si alguien lo arregla y una tapa de cartón boca abajo para almacenar papeles que un día tuvimos la fe de que servían para algo. Puede haber sido también un hombre. En cualquier caso, ha sido la mano de un ser humano que temporalmente es práctico, de ocho a cinco, y luego se dedicará a su música, a sus hijos o a colaborar en un banco de alimentos. “No somos mercancía” reza un cartel, lo que da por supuesto a nuestro hombre práctico de que “Somos mercancía”, de ocho a cinco, ya decimos, luego empezará la vida con sus alargadores empotrados, sus papeles higiénicos escondidos en una carcasa brillantemente plateada y sus bandejas de colorín para ordenar papeles con orden y concierto. Es la ventaja de tener ventanas, vanos en las paredes que, además de entrar la luz de fuera, por mucho que esta venga húmeda y gris, siempre te hacen un hermoso alféizar para que, en lugar de poner plantas o un cactus, prefieras ser práctico durante el tiempo que te toca ser mercancía, de ocho a cinco, después ya vendrá la vida, la gracia y la libertad.

Que en la piel de las paredes se abran llagas de humedad es solo una consecuencia de la luz enferma que filtra la ventana abierta, probablemente, a ninguna parte.

Jose Aurelio Martín

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