ESA LUZ

Rocío Martín

#EsLoQueHay

Ese puchero dará de comer a mucha gente. No hay que olvidar que hay una mano detrás de cada alimento que nos tiene de pie en la tierra. Cada día. La luz que ilumina el puchero es la misma que animó a los pintores a crear naturalezas muertas o bodegones. Es la luz cotidiana, la luz de lo “tan real, hoy lunes” que decía el poeta, la luz extrañamente espiritual que parece redimirnos de la crudeza de los días.

Cuesta entender la realidad, con el tiempo se logra manejar, nada más, siempre hay algo que se escapa, que se fuga hacia el misterio. Un puchero, un plato de sopa o una barra de pan pueden emocionar en el recuerdo, sientes que tu madre está cerca, que sus manos te han hecho la realidad a tu medida, que en las entrañas de lo cotidiano habita tu madre, pacientemente cuidándote, lentamente tejiendo tus días.

Mañana como hoy, ese puchero tendrá sentido. La luz cotidiana buscará las formas que definan el misterio. La mano invisible de una madre ordenará la realidad a la medida  de un hijo. Siempre  habrá quien mire más allá de las cosas y más acá de nosotros mismos. La mirada se demora en esa luz que nunca se logrará entender del todo, serán ceniza mas tendrán sentido. Es la luz, la misma luz, que nunca llegaron a pintar, por mucho que la buscaran, los hijos de unas madres que se ganaron la vida pintando y que también fueron cuidados con mano maternal. Lo intentaron y su grandeza reside en haberlo intentado, rozando siquiera el misterio. Hoy algunos fotógrafos, literalmente “pintores de la luz”,  con más medios y quizá menos cuido, también lo intentan.

José Aurelio Martín

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